Despoblado de la Fuente de Guarrazar

Más tarde y por diferentes caminos nos acercamos al lugar más especial de este recorrido, el despoblado de Guarrazar. Ya sabemos que el tiempo-espacio tenía reservada una gran sorpresa sobre este lugar a los estudiosos de la historia y a los seguidores de mitos, pues un sueño o leyenda de siglos  se hacía realidad en este asombroso sitio por secreto, pues aquí apareció parte del tesoro real de los reyes visigodos, cuyo legado era tanto ancestral, como espiritual, para aquella civilización.

Pese a ser un brillante y espectacular tesoro, su luz fue muy opaca en los primeros tiempos de su hallazgo, ya que la estupidez y la codicia de algunos españoles, más la rapiña francesa como siempre, le hizo viajar hacia otros lugares. Dicho episodio no nos debe de extrañar, pues esto ocurre en cualquier tiempo pasado, presente y futuro, en un país tan mágico como este de España, donde fábulas y ensueños se entremezclan con historias verdaderas como las de Gárgoris y Hábidis o las de Argantonio o Sertorius.

Sin ir más lejos y ahora mismo, la rapiña oriental exporta nuestro vil metal blanqueado y clandestinamente, allende los mares y encima sus cabecillas se van a ir de “rositas” por un error judicial, increíble. Pero esto es solo la punta del iceberg, pues la raza política dirigente que se llama democrática, solo va a lo suyo, por medio de un nepotismo indecente y no hace más que mentir.

Recuerdo aquí lo que vio el pintor Goya en la España de su época, dejándolo reflejado en su obra más negra, cuyo culmen es el cuadro de Saturno comiéndose a sus hijos. Creo que esta obra clarifica de tiempo en tiempo lo que está ocurriendo ahora en este país nuestro. Esto no es solo una opinión, si no hermenéutica crítica, al observar lo que está aconteciendo. Y es que ya lo dijo Unamuno ¡Qué pais, qué paisaje, qué paisanaje!

Por otra parte la justicia, pasa de hacerla verdaderamente, con una injusticia total si no tienes dinero, con leyes que dejan impunes a los malvados y censura a las víctimas, es decir, el mundo al revés. Mientras tanto los nuevos judeoconversos o banqueros, se enriquecen más cada día, como acaparadores del dinero de los demás,  ahorrado durante toda la vida, pues van  comiéndose a grandes bocados el esfuerzo de las personas mayores y  desahucia sin clemencia de sus hogares a los más débiles, después de haberles animado a tomar un préstamo y encima  airean sus beneficios a los cuatro vientos, inaudito.

Hoy casi todo está corrupto y ese tipo de vida tan hipócrita, a mí personalmente, no me lo han enseñado ni mis padres, ni mis maestros en la escuela.

Esto se le hace precisamente  a uno de los pueblos más solidarios de la tierra. No  podemos olvidar el negro y pegajoso chapapote vertido en Galicia, raspado y limpiado por los hijos de España entera y sin embargo los responsables políticos no pagan por sus fallos y por su corrupción.

Hay que recordar también a las asociaciones con nombre religioso o civil y a quienes las alimentan, pues llevan a cabo una  labor extraordinaria hacia una gran masa de personas cada vez mayor, entre parados e indigentes, amén de las sociedades y personas particulares españolas, que andan por el mundo ayudando a los demás. O la donación de sangre y de órganos ofrecida por el pueblo español a sus congéneres, con los cuales otros países quieren hacer negocio.

Gracias a que el pueblo español de sangre antigua, de Atlántidas perdidas,   Tartesos y metales o templos a Melkart (el Hércules ibérico), se echa todo a las espaldas, eso sí,  hasta que revienta y se echa a la calle pidiendo explicaciones, recordemos la guerra de guerrillas que usó para su independencia en 1808, expulsando  al ejército francés invasor.

En fin, que dios nos proteja de esta grey, a las gentes de buena voluntad, que es mucha. Recuerdo aquí lo expuesto por el poeta Machado “Una de las dos Españas ha de darte el corazón” o “En los trances duros, los señoritos (llamensé ahora dinastías,  políticos, banqueros y otras hierbas) invocan la patria y la venden. El pueblo no la nombra siquiera, pero la compra con su sangre (esfuerzo y humillación) y la salva”,  o el libro “La Rebelión de las Masas” de José Ortega y Gasset, de una rabiosa actualidad, pues unas de sus frases  dice claramente: “La política se apresura en apagar las luces, para que todos los gatos sean pardos”. Solo nos queda a los españoles recordar a Lope de Vega que nos legó  la historia de “Fuenteovejuna”, todos a una.

Volviendo a nuestro paseo, diré que en dicho lugar se observan cuatro terrazas, gracias al estudio geológico y de prospección geomagnética, desarrollado por el Instituto Arqueológico Alemán, entre los años 2002 y 2005. Como siempre este país con algunos intelectuales y mandatarios incompetentes, sigue lleno de complejos frente a una Centroeuropa que los dicta el compás que ella quiere. Otros sin embargo, con distinto talante, han verificado  la antigüedad de la “Cueva de Altamira” o la del “Soplao”, o estudian la sierra de “Atapuerca” a un gran nivel y con resultados sorprendentes.

En el caso del que nos ocupamos, la terraza más baja se encuentra al lado del antiguo camino que conducía desde Toledo a Guadamur. Allí es donde se encontraba el cementerio con sus tumbas visigodas, pertenecientes al olvidado cenobio de la “Fuente de Guarrazar”. Ya sabemos que fue en 1858 cuando hubo grandes lluvias sobre este lugar, lavando sus escondidas lápidas y moviendo alguna de ellas, dejando al descubierto algo brillante, que por casualidad fue visto por una mujer que iba a hacer allí sus necesidades.

Desde entonces parte del tesoro físico de los treintaitres reyes godos que capitalizaron Tolosa, Rávena y después Toledo, compuesto de coronas, cinturones, cruces, lámparas, mangas y brazaletes, que componía el famoso tesoro de los reyes, ha sido objeto de una historia rocambolesca y de novela negra.

Con  el primer rey visigodo Ataúlfo en el 411, hasta Amalarico  el 531 en Tolosa y Rávena, seguidos por Teudis, Teudiselo o Agila y desde que Atanagildo convierte en el año 554 a Toledo en su capital, hasta D. Rodrigo en 711, todos ellos hicieron  ricos ofrecimientos  al estado-iglesia, formando el tesoro regio y sacerdotal, que fue la honra nacional visigoda, llegando a ser estos su honra y por tanto muy famosos en todo el mundo conocido.

También ha existido el tesoro ancestral  por talismánico de dicha civilización,  que era el botín de los godos tras sus conquistas, sirviendo  como talismán a dicha civilización, la cual derrotó a Roma y se apropió de los tesoros capitolinos, entre los que se hallaban los vestigios más sagrados  del Templo de Salomón.

Este contenía entre otras piezas la famosa “Mesa de Salomón”, el famoso “Misorium”, la “Menoráh” o candelabro de oro de siete brazos, que pesaba un talento, es decir, 23 kilos y medio  y otros tesoros atávicos que se encontraban en Toledo.

Solo hay que recordar los testimonios literarios de los árabes Ben-Kartabús en su “Kitab-al-Ikifa” y Al-Makkari en su “Conquista de España por el Islam”, que nos cuentan al escribir sobre Toledo: “en la iglesia mayor, encontró Muza la Mesa de Salomón. Además hallo veinticinco coronas y diademas  de los reyes de ese tiempo, con sus nombres y mucha pedrería como adorno.  Un espejo de tal forma forjado, que el que le miraba, veía el mundo ante sus ojos… y asombrosos talismanes fabricados con admirable artificio… y otro libro dedicado al “Arte Magna”, referente a las plantas medicinales y sus elixires, así como a la naturaleza de las piedras preciosas”.

Refiriéndonos a Guarrazar, la terraza más baja pegada al lado del antiguo camino descrito más arriba es donde apareció el tesoro. Se encuentra esta ahora repleta de olivos. A su lado izquierdo nos encontramos la “Fuente de Guarrazar”, pozo que se llena con las aguas que vienen de más arriba. Entre este y la casucha pegada al mismo, se encuentran los restos de una de aquellas lápidas, que tapaban las tumbas del antiguo cementerio y que nos da una idea de su magnitud.

La primera y segunda terrazas estudiadas por los científicos alemanes, se encuentran   divididas y muy bien definidas por un gran muro, donde se pueden observar grandes piedras talladas de granito, pero también relleno de piedras del tipo  caliza blanca, traídas desde otros lugares, pertenecientes a los monumentos visigodos construidos en este lugar,  siendo estas reutilizadas precisamente en tiempos islámicos, por ser este un lugar repoblado posteriormente en tiempos de Al-Ándalus, por las tumbas árabes hallados en dicho lugar.

Tanto las dos zonas alta y baja, se encuentran llenas de trozos de piedra y cascotes de los diferentes materiales mencionados, lo cual da una idea de la gran cantidad de los varios monumentos importantes que aquí hubo, siendo usado  tras la batalla del Guadalete en el año 711, para que parte del tesoro real fuera escondido en los huecos de dos tumbas en una esquina del cementerio.

Pese haber sido este terreno escavado en varias épocas,  pues al enterarse el gobierno de Isabel II, que había aparecido dicho tesoro en él, el cual se hallaba en Francia, se mando una partida de presos a escavar el lugar, para ver si se hallaban aún más piezas en el mismo. Todavía hoy surge la sorpresa, pues paseando por dicho lugar nuestro compañero Santiago, halló una piedra caliza tallada, perteneciente a alguna de las pilas que habría en el lugar.  De acuerdo todo el grupo de amigos, no dudamos ni un instante en pensar entregar dicha pieza a la persona responsable sobre las mismas.

Caminando por el lugar, seguimos encontrando piezas muy interesantes, que determinan las varias etapas de asentamiento de este lugar tan depredado, pero tan poderoso arqueológicamente hablando. Una de ellas fue el trozo de una tégula romana, es decir, parte de una teja romana, lo que quiere decir que este lugar ya estaba habitado desde entonces. También había algunos tipos de cerámica de  varias épocas, tanto islámicas como de nuestro tiempo.

Luego seguimos subiendo hacia la tercera y cuarta terrazas sobre la zona alta del asentamiento visigodo, donde se ha descubierto que allí se encontraba  la iglesia de dicho enclave y que bien pudo ser la denominada como Sta. María en Sorbaces, según una de las ocho cruces  que formaban el tesoro de la “Fuente de Guarrazar”, la cual  se encontró en el Museo de las Termas de Cluny y cuyo enigmático nombre puede venir de “cripta”.

Hay que recordar que al lado de los cimientos de esta, se encuentran varios pozos y galerías muy arruinadas hoy, que dicen ser muy antiguas y pertenecen  a silos para guardar enseres o comida. Lo que también nos recuerda que el topónimo puede venir de “sorbum”, que designa los arbustos denominados como serbales. Estas deducciones las obtengo del estudioso francés Gerard de Séde, que se ha ocupado en investigar estos tesoros y al cual hay que agradecer esta deducción, por cierto bastante acertada, ya que cerca de aquí nos encontramos varios arbustos muy parecidos al serbal, cuyos frutos son los escaramujos.

Dicha zona arqueológica con todo su terreno, se halla en el interior de un muro que lo delimita. Aún podemos observar una de las piedras de entrada a dicha iglesia y la tierra hundida donde se encontró una  tumba muy interesante.

Esta se encontraba a la entrada del recinto de la iglesia y según las excavaciones y maqueta, se comprende algo mejor su posible forma. Allí fue enterrado el presbítero Crispíno y su texto se  basa en una poesía de San Eugenio, obispo toledano. Su muerte data del año 693, en cuya  época reinaba el rey visigodo Égica y en cuyo tiempo se desarrollaba el  dieciseisavo Concilio de Toledo.

Su lectura en castellano dice así: “Quien quiera que leyeres en el epitafio de esta lápida, mira: fíjate en el lugar y observa sus alrededores. Ministro sagrado, he preferido poseer un sagrado lugar. Viví de esta vida los tiempos de sesenta años. Al morir me encomiendo a la protección de los santos para resucitar debidamente en su compañía cuando la llama voraz viniere a encender la tierra. Acabado el curso de la vida, Crispín, presbítero, pecador, aquí descansó en la paz de Cristo. Año de la era 731 ó quizás la de 781”.

Un poco más allá, se encuentran los huecos de los silos de los que hemos escrito, siendo bastante largos con respecto al estudio de la prospección geomagnética de los científicos alemanes.

Bajando por uno en los bordes de las terrazas, caminando hacia el comienzo del paseo, llegamos hasta un edificio de forma circular pegado al muro, que bien puede ser un pósito para grano en la baja edad media o quizás un antiguo pozo para recoger agua, pues la Fuente de Guarrazar se encuentra algo más abajo.

Antes de despedirnos de este paraje  tan ancestral como enigmático, por las historias que  acontecieron en él, y por su contribución a las verdaderas realidades que siempre han acompañado míticamente a esta península ibérica, pese a ser un día nublado y haber un poco de niebla, volvimos la cara hacia el paisaje del Este y allí encontramos un monte mítico de esta tierra guardiana de secretos insondables que salen a la luz de tiempo en tiempo, la sierra de Noez, que se encontraba casi cubierta de nubes, reconociendo la belleza de paisajes que hemos dejado de admirar hace algún tiempo.

Debemos recordar desde estas páginas según las crónicas árabes, que tras las desavenencias entre Muza  y Tarik sobre  el tesoro hallado, el mismo fue a parar a Bagdad para alabar al califa. Constaba entre otras alhajas de veinticinco coronas votivas pertenecientes a los reyes visigodos. Pero resulta que la lista completa de estos, es de treintraitres personas. Es decir, que faltaban ocho para completar el botín.

Por lo que se deduce que a los clérigos visigodos de diferentes iglesias, solo les dio tiempo de esconder parte del tesoro de los reyes en la “Fuente de Guarrazar”, en el cementerio de Sta. Mª en Sorbaces, mientras los árabes entraban en Toledo en el año 711 de la era cristiana, siendo descubierto en 1858, es decir que estuvo enterrado nada menos que 1147 años, haciéndose realidad un mito, cuya leyenda había dado mucho que hablar, pareciendo una falsa historia.

Hasta hace muy poco se creía que el tesoro descubierto en la Fuente de Guarrazar constaba de unas pocas coronas y algunas cruces, después de haber desmontado algunas y venderlas sueltas y otras haberlas fundido y que pudo contener ocho coronas hasta completar la lista de dichos reyes, pero  gracias al estudio de los investigadores, se sabe de cierto que el tesoro enterrado se componía de diez coronas, ocho cruces, además de varias joyas sueltas.

Constaba el mismo de la corona del rey visigodo Recesvinto, llena de cabujones con piedras preciosas y semipreciosas, una corona repujada,  otra corona con diez huecos, otra más con nueve, otra corona constaba de diez más una cruz. Entre ellas se encontraba también la corona del abad Teodosio  y otra en chapa y piedras semipreciosas y por supuesto la famosa corona del rey Suintila, incrustada de perlas y que hoy día se halla perdida.

Seguía con una cruz calada, otra cruz con colgantes largos y otra con colgantes más cortos, un colgante en forma de alfa, la cruz del presbítero Lucetio, la famosa cruz del religioso Sonnica, que debió de oficiar aquí mismo en Sta. Mª en Sorbaces y los brazos de una gran cruz procesional.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

© Copyright A. Vega 2012.

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