Tras el rastro de un tesoro

En toda la historia conocida de esta tierra española, ha estado fecundada desde la antigüedad por grandes civilizaciones, dejando en ella los pensamientos y costumbres de sí mismas, desde los recovecos más profundos hasta lo más superficial.

La Atlántida, las Columnas de Hércules, Tartesos y Gades son los recuerdos más célebres, fértiles y recordados de muchos de ellos, aunque la península ibérica es mucho más que esto, pues fenicios, íberos, cartagineses, lusitanos, vacceos, vetones, celtas o carpetanos, jalonaron a esta tierra con tesoros tanto físicos como espirituales, como por ejemplo el mito de la Cueva de Hércules. Por tal motivo para todos ellos, esta península se parecía por sus eventos supra-humanos, al paraíso terrenal.

Los romanos se dedicaron a civilizar a esta tierra bajo su yugo y  extraer de la misma su fabulosa materia prima, para alimentar a buena parte de su imperio. Los visigodos, además de civilizar nos legaron un tesoro que se hallaba en un Palacio Cerrado con varios candados, que se encontraba en la capital de Hispania y a él nos remitimos, pues después de desaparecer en lo más profundo del subconsciente y ser muy rebuscado de forma física, fue hallado por casualidad tras un milenio de fábulas y mitos sobre el mismo.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

© Copyright A. Vega  2012.

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