Subida a la sierra de Nambroca (X)

Fue en primavera cuando mis amigos Jesús y Félix, más el que les escribe aquí su testimonio, Alejandro, decidimos hacer una nueva escapada eligiendo la subida a la cota más alta de la sierra de Nambroca, el pico Marica, siendo una grata sorpresa el contemplar desde allí a nuestros pies, el magnífico paisaje que se abría ante nuestros ojos. Pertenece dicha sierra y su pueblo, a la parte sur del Tajo, encontrándose enclavados estos en la región de la Sisla meridional.

Para dicho recorrido, tomamos como guía a nuestro amigo Jaime, que es oriundo de Nambroca. Este nos condujo a través de una pista de tierra, desde el mismo pueblo en su propio coche, pasando por debajo de la autovía de los Viñedos, cruzando necesariamente lo que era el Camino Real de Sevilla.

Siguiendo la misma pista de tierra nos adentramos por la finca el Majuelillo,  dejando el vehículo a unos 700 metros de altitud sobre el nivel del mar, aproximadamente a unos  dos y medio Km. de la cima.

Pasando una barrera metálica con cadena, comenzamos la subida por el mismo camino sin desvíos, el cual fuimos ascendiendo no sin trabajo, conduciéndonos hasta una especie de depósito de riego, donde cambiamos de dirección hasta llegar por dicha senda al primer collado de la sierra, el Portachuelo, que se encuentra a 846 m., dejando a un lado el cerro Pedro de 929 m.

Seguimos caminando y ascendiendo hasta encontrarnos en la base de la cima, observando la dificultad que nos aguadaba hasta su vértice. Enfilamos la cuesta de un 18 por ciento de inclinación, más el peligro del canto rodado que conforma su base. Con cuidado y con buen talante, pues ya faltaba poco en la ascensión, inclinamos nuestros cuerpos y caminamos con calma hacia su altura.

Una vez en la cima, descansamos para coger fuerzas. Pese a la neblina, había salido el sol a lo largo de la subida y nos acompañaba un viento suave, por lo que se quedó en una buena mañana. Desde el lugar más alto de esta sierra de Nambroca, se observaba bajo nosotros un paisaje  dominado por el llano, viendo algunos pinos y a los olivos que se extendían bajo nuestros pies, con sus líneas llenas de verdor dando contraste a las tierras rojas y blanquecinas, tachonándolas.

Sacamos las fotografías de rigor en su vértice geodésico, para dejar constancia de que habíamos subido hasta la cima del pico Marica, el más alto de la sierra, con una altura de 945 metros sobre el nivel del mar.

Observamos que a su lado, se encuentra una estación de comunicaciones con una alta antena. Según el comentario de Jaime, esta da cobertura radiofónica a los helicópteros que tienen la labor de socorrer en cualquier evento o accidente que pueda ocurrir en toda Castilla-La Mancha, pero también al ferrocarril más moderno y rápido y a una empresa de transportes urgentes. Esta tenía  un boquete abierto en una de sus paredes, quizás por algún robo.

Desde allí pudimos observar con nuestra brújula, que la sierra de Nambroca está alineada de Este a Oeste, con una longitud de 5 kilómetros aproximados.

Mirando hacia la zona occidental, se ve el cerro Gordo de 838m.  Siguiendo la cuerda de esta sierra, muy cerca de nosotros, veíamos el cerro Pedro de 929 m., pasando por el monte más alto, el pico Marica de 945 m. de altura, donde nos encontrábamos, y siguiendo nuestra vista hacia la parte oriental, estaba el cerro Ingertales de 910 m.

Más allá veíamos varios cerros hacia el Este, destacando el cerro Gordo de la Oliva y sus espectaculares y bellas vistas.

En el se observaban varios molinos eólicos, los cuales producen electricidad mediante generadores aprovechando las corrientes de aire, siendo una fuente de energía  muy barata, pero sobre todo limpia. El término “eólico” viene del latín aeolicus, es decir, que pertenece al dios de los vientos de la mitología griega, Eolo.

Al fondo hacia el Este, se observa la figura de la fortaleza de Almonacid sobre un alto cerro. Este topónimo según el investigador Jiménez de Gregorio, pudiera venir de Almonaster, pues su magnífico castillo de época islámica posiblemente contuviera un monasterio, formando dicho conjunto un gran “ribat”.

Aporto aquí mi granito de arena, ya que este topónimo viene del árabe pero ya castellanizado. Fue un lugar cedido en tiempos de Alfonso VI a su querida Zaida, princesa musulmana nuera de al-Mu´tamid rey de Sevilla, que le dio al rey castellano su único hijo varón, llamado Sancho.

Una vez analizado, “al” corresponde con el artículo “la”, “mona” viene de “única” o “favorita” y “cid” se refería en la edad media a un  importante “señor”, es decir, que Almonacid puede querer decir “la favorita del señor”.

Este altivo castillo, fue testigo mudo de la fuerte batalla de Almonacid contra los franceses en 1809, en la guerra de la Independencia, los cuales la ganaron a los españoles, muriendo nada menos que 4000 de nuestros antiguos compatriotas, asolando después los gabachos la fortaleza. Ahora nos la encontramos desmoronándose poco a poco.

Volviendo a Nambroca, este lugar fue el elegido según el general Venegas del ejército español, para asentar allí las tropas españolas antes de aquella batalla en el vecino pueblo de Almonacid, siendo dicho pueblo testigo en el siglo XIX.

Según el experto García Sánchez, el topónimo Nambroca puede venir de un nombre vasco, que quiere decir “lo existente”, también dice el investigador más arriba mencionado, que puede venir de Ambroca, del  tiempo de los ligures. Según los autores clásicos estos se mezclaron con los íberos.

De este topónimo, da cuenta Cervantes en uno de los capítulos de su obra universal “El Quijote”, cuando es mandado a velar sus armas a Sierra Morena, citándole como “camino de las Nambroças”, referido posiblemente al camino Real de Sevilla.

Esto nos da pie a comentar el secreto mejor guardado que esconde el pico Marica, ya que cerca de su cima, se encuentran los restos de un conjunto de trincheras efectuadas en la guerra civil española de 1936.

Fue este un lugar fundamental y estratégico, para la observación del movimiento de tropas en dicha contienda, por las vistas que se contemplan en los 360º de sus alrededores, controlando la zona sur del rio Tajo, desde la propia Mancha hasta la ciudad de Toledo.

Las comunicaciones debían de hacerse a través de potentes radios, que se encontraban ocultas, para determinar cómo se movían las tropas del sur al norte de una de las facciones, observada por la facción enemiga. Al ser tan escarpado el pico Marica y al estar alejado de la capital a  unos once kilómetros de aquí, las piezas de artillería aquí no hubieran servido de mucho.

La parte más importante de estas trincheras, es un túnel excavado en la roca de unos 5 metros de longitud, por donde podían entrar dos o más personas, con salida por ambos lados, formando parte de las demás trincheras. El trabajo hecho a pico para esta obra, debió de ser terrible, hasta verla excavada del todo.  Aún hoy todavía se le puede cruzar con un poco de cuidado y con algo de luz.

Nos suponemos que allí es donde se deberían encontrar los objetos más importantes para dichas comunicaciones, como eran las radios trasmisoras y receptoras.

Este punto además de vértice geodésico por su altura, fue un importante lugar estratégico, de ahí sus numerosas trincheras, las cuales defendían una importante estación de observación y radiotransmisión.

Suponemos que al llegar las fuerzas desde el sur, este puesto se iría abandonando por las fuerzas del norte y creo que aquí moriría poca gente de los distintos bandos. Aunque hay otras personas que dicen, que en aquellos nefastos días, aquí murieron nada menos que 4000 personas en solo una semana.

Volviendo a nuestro tiempo, desde su cima se pueden observar muy bien los pueblos de alrededor. Gran paisaje desde donde se llega a ver Madrid en los días claros con unos prismáticos.

También se ven a simple vista las torres de Toledo y su alcázar o algunos puntos lejanos como Torrijos. Pero lo que más destacan en la lejanía son las macizos de los alrededores, como la sierra de Layos, la sierra de Noez y al fondo los montes de Toledo.

Lo más sorprendente es que bajo nuestros pies se encuentran las diferentes poblaciones de sus alrededores, como son los pueblos de Almonacid, Villaminaya, Mascaraque, Chueca, Mora, Ajofrín, Sonseca, Mazarambroz, Burguillos, Arges, Layos, Noez o Las Nieves, es decir toda una gozada.

La bajada la hicimos por una de las laderas de dicho monte, sin camino fijo, entre jaras y plantas de monte bajo y sus extraordinarios olores, hasta coger de nuevo uno de los senderos anteriores, para llegar al coche de nuestro compañero e ir a tomar un refrigerio, el cual era el colofón que nos merecíamos, tras haber pasado una buena mañana, haber visto paisajes y conocido parte de nuestro pasado. Vale.

Las fotografías usadas en esta subida pertenecen a Jesús Galán, Félix Muñoz y Alejandro Vega, excepto algunas pocas sacadas de internet, así como las pinturas. Los mapas como son el de la sierra escala 1/50000, del Instituto Geográfico Español y el de los pueblos, sacado desde Google Earth.

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La bibliografía sobre la sierra de Nambroca está sacada de los comentarios de algunos vecinos del pueblo y de nuestro compañero Jaime y unos pocos por Internet. El significado de los topónimos se los debemos a F. Jiménez de Gregorio y su magnífica obra “Los pueblos de la provincia de Toledo, en el siglo XVIII” y a J.J. García Sánchez de la Revista de Filología Española del CSIC, así como al Quijote de Cervantes, más mi pequeña aportación.

Guión e inspiración de Alejandro Vega.

© Copyright A. Vega 2016

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligación por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

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