Retorno a la presa romana de Alcantarilla (VIII)

Otro de los secretos que guarda esta provincia toledana, es concretamente una presa romana bastante arcaica, por tal motivo añado aquí el dibujo más antiguo que existe sobre ella, llevado a cabo por el archivero real F.J. de Santiago Palomares en el año 1753, cuando este historiador y dibujante visitó con el padre  Andrés Burriel la presa hispano-romana denominada de La  Alcantarilla y dejar constancia de la misma.

Hacía ya varios años que no me acercaba a ella, pues ya había  estado “in situ” anteriormente visitándola por mi parte varias veces. Esta se halla en el término municipal del pueblo toledano de Mazarambroz perteneciente a la ciudad de Toletum, cuyo topónimo corresponde con aquella civilización.

Algunas veces la había visitado de forma individual, otras con mi esposa o con algún grupo de amigos, como pintores y profesores y también con familiares, observando en su lugar de origen los restos de una fábrica hidráulica  extraordinaria, con una antigüedad de dos mil años, que se hermana con otras hispanas, como por ejemplo la dedicada a Proserpina en Emérita Augusta, es decir, la actual Mérida.

Si tengo que ser sincero, en mis años de juventud ya la había estudiado a partir de la bibliografía al uso sobre la misma, pero fue gracias a mi compañero y amigo Jesús, pues este ya la conocía, el que me indicó hace muchos años, como llegar hasta la misma desde la  ciudad de Toledo, lo cual le agradezco, pues es un recorrido con  el que se disfrutaba bastante.

Indico que por la carretera que va desde Sonseca hacia Mazarambroz, pasando este último a la izquierda, hay un camino agropecuario perteneciente a la Diputación, por el que en unos dos o tres kilómetros se llega hasta un hito dedicado a la Virgen del Rocío. Enfrente, unos metros más adelante, es donde se halla el camino de entrada a la finca del mismo nombre y al interior de la presa.

En mis primeras visitas nunca he tenido problemas para llegar hasta ella, pues abriendo la puerta enrejada, que cierra un camino vecinal que conduce hasta el río Guajaraz, enseguida te encontrabas con ella hacia la derecha, pues la casa de la finca del mismo nombre te confunde al principio, ya que  se asienta sobre el muro  del Este de la propia presa de La Alcantarilla.

Entonces se podían ver las dos zonas o alas interiores del muro, que iban de mayor a menor, es decir, desde la zona más profunda de lo que fue el pantano, a la más somera hacia los lados, distinguiendo dos grandes paredes, una de ellas aún en parte revestida de granito, como es lógico hacia la zona del arca, pues en su exterior se halla el terraplén de sujeción de su largo paredón, el cual  está dividido en dos partes, al Este y al Oeste.

En su parte central, es donde se encontraban las torres de toma del canal para la salida del agua hacia su lugar de destino, el Toletum hispano-romano. Esta zona se derrumbó hacia su parte interior en sus primeros tiempos, según los geólogos por la presión del terraplén exterior  de tierra compacta que sustentaba el propio muro del pantano y donde quedó en pie  como recuerdo parte de una de las torres antes descrita.

La peculiaridad de esta presa hispano-romana, es que se encontraba construida aguas arriba, muy cerca del comienzo de ríos y arroyos, cerca de las estribaciones de los Montes de Toledo, precisamente  para recibir las aguas más puras, que no se conseguirían aguas abajo. A esta cuenca se le añadió posteriormente por medio de un canal el cauce del arroyo de San Martín de la Montiña.

Las conclusiones sacadas según los estudios de investigadores y arqueólogos, es que dicho conjunto  se componía de un gran muro denominado como “pantalla”, con una longitud de aproximadamente unos quinientos cincuenta metros y en su parte central se alzaba hasta veintiuno de altura, sustentada con tres metros de espesor. Fue en su tiempo la más larga de Hispania, llegando a contener en su volumen nada menos que  cinco millones de metros cúbicos del líquido elemento y una cuenca de noventa y dos kilómetros cuadrados.

Se encontraba construido el muro estructuralmente con diferentes tipos de hormigón y cal, desarrollado por medio de dos partes muy gruesas de calicanto, con piedras y chinas de diferentes tipos (opus caementicium), que contenían un núcleo en su parte central con un calicanto de mezcla más fina (opus concretum) que constituía la parte impermeabilizadora del gran paredón, lo que ahora se denomina en albañilería como muro o cimiento corrido.

Ambos lados del mismo se encontraban revestidos con mampuesto de granito (opus quadratum), para darle más resistencia y durabilidad. Posteriormente dicha sillería ha sido reutilizada en varios lugares, según algún investigador, entre ellos la torre de la iglesia parroquial de Casalgordo.

Debía de tener varios contrafuertes al interior, hacia el arca, en la zona central de la presa, para darla más resistencia al muro, pero al hundirse, estos no son visibles, siendo esta forma de construcción normal en las presas hispano-romanas, como la de Proserpina en Mérida. Aunque el mejor ejemplo lo tenemos a muy  pocos kilómetros de aquí, en la presa sonsecana de Vallehermoso, que mide más de trescientos metros y que después de dos mil años,  recibe aún agua de dicho arroyo y en la cual se ven aun sus fortísimos estribos.

Por delante del muro principal de la presa de La Alcantarilla, al otro lado del arca y para contrarrestar la presión del agua embalsada, se encontraba un rodadero de ángulo inclinado,  relleno de tierra apisonada, el cual podemos ver aún hoy en nuestro tiempo, dejando también como ejemplo claro la presa de Vallehermoso.

De mis anteriores visitas, todavía recuerdo el encuentro con varias tumbas posiblemente de tiempos romanos, pues se encontraban aguas abajo de la presa. También algunas grandes piedras de granito con hendiduras sobre su lomo,  para ser cortadas y ser trasportadas por medio de poleas y polipastos hasta el lugar de trabajo. Dichos bloques eran agarradas por medio de “castañuelas” cogidas a dichas hendiduras. Estas eran unas útiles herramientas romanas que daban mucho juego en este tipo de trabajo tan pesado.

Y ha sido en otoño del año 2012, cuando nos hemos acercado de nuevo tanto Jesús y el que aquí escribe, llevando a cabo una visita para ver la actualidad de la misma. Desde luego la extrañeza no se ha hizo esperar, pues los alambrados cortándonos y prohibiéndonos el paso eran bastantes. Por tal motivo tuvimos que coger el camino exterior por fuera de la alambrada principal, caminando hacia la zona norte.

La sorpresa no se hizo esperar, pues pudimos observar dos grandes cúmulos de piedras de granito amontonadas. Observamos que se  encontraban talladas de forma rectangular, cuya peculiaridad es que todas se hallaban huecas longitudinalmente en su parte central, con forma semicircular.

Supusimos por nuestra parte, que estos bloques de sillería podrían corresponder a  las tapas superiores que pertenecían al cierre de los conductos de plomo por donde circulaba el agua, que se desplazaba desde la salida de la presa hacia adelante, recorriendo unos cuarenta kilómetros hasta llegar a la urbe de Toletum.

Dejo aquí unos dibujos a mano alzada, para la mejor comprensión del armazón por donde debía circular el agua tras su salida de la presa, así como los huecos de salida dejados en el muro, estudiados en la presa de Proserpina en Mérida.

Recuerdo aquí que en mis primeras visitas hechas a este grandioso vestigio hispano-romano, a unos cincuenta metros de la misma, cuando no había tantas alambradas, aún se podían ver las huellas del canal por donde discurría el líquido elemento aguas abajo de la presa.

De todas formas aquella mañana de otoño, pese a los inconvenientes de paso por las vallas, seguimos por el camino que discurre hacia el río Guajaraz y al volver la vista hacia la presa, seguimos observando tanto la torre de toma y la pared Oeste, pero sobre todo el magnífico paisaje de los Montes de Toledo al fondo, tocados en sus crestas por cantidad de nubes bajas, dándolos una tonalidad dual muy bella.

Siguiendo el curso del rio y como a un kilómetro o algo más de la presa de La Alcantarilla, observamos dentro y fuera de sus aguas, varias piedras de granito talladas, una de ellas con un ángulo de 90º grados y una hendidura para su transporte.

Esto nos hizo pensar, que estas debían de pertenecer a la propia presa, arrastradas hasta aquí por la fuerza del agua  o quizás a un paso-puente hundido por las aguas, pues  frente a ellas, se abría hacia la sierra un paso abierto con una de sus paredes talladas.

Siguiendo  el camino, sobre los dos kilómetros más adelante hacia la derecha, frente a las casas de otra finca, nos encontramos con más piedras talladas de diferentes tipos. Algunas preparadas para ser trasladadas y otras talladas con ángulos de 90º. También vimos piedras prismáticas y otras con otros tipos de tallas.

Esto era lógico, pues enseguida advertimos que nos encontrábamos cerca de las huellas por donde pasaba el antiguo canal de abastecimiento de agua. Aunque bastante deteriorado, se veían muy bien los cimientos que formaban a este, con una base y sobre esta, algunos hitos que levantaban dicho canal, para llevar la presión conveniente.

Mirando linealmente desde este vestigio hacia el Sur, a lo lejos se veía aún la torre de toma de agua de la presa de Alcantarilla, motivo por el que hallábamos una huella imborrable de que por aquí pasaba el agua a la altura correspondiente, dando solución a parte del gran sistema hidráulico de que gozaban estas tierras hace dos mil años.

Seguimos el camino y ya pasados más de dos kilómetros de la presa, volvimos a ver aún más vestigios al lado derecho del mismo, entre monte bajo y árboles frutales, aunque ya bastante destruidos, pues con las labores del campo, cantidad de piedras han sido desplazadas, dejando grandes montones al borde del propio camino y  a donde se ven aún que muchas de ellas se encuentran talladas por la mano del hombre y como es lógico, al ser tan grandes, debieron de pertenecer al canal de conducción de las aguas del rio Guajaraz.

Pero para nosotros las sorpresas siguieron surgiendo durante toda la mañana, pues algo más lejos, sobre los tres kilómetros y medio, por la misma senda, observamos un peñascal sobre lo alto de un cerro, lo que hizo por nuestra curiosidad, que dejáramos el camino y nos acercáramos hasta él.

Allí, con asombro, nos encontramos otra huella que bajo nuestro humilde  criterio, creímos  que debía ser importante desde un punto de vista hispano-romano.  Bajo las grandes peñas, se encontraba una especie de habitáculo rectangular de grandes dimensiones, pero lo más importante es que a nivel de tierra, estaba delimitado por grandes bloques de granito, lo cual remarcaba su identidad, pero también su logística.

Quizás  pudiera tratarse de algún artificio acuífero, aunque al estar a bastante altura, es muy posible que fuera algún tipo de torre de vigilancia, posiblemente del canal y de la presa de aquellos antiguos tiempos, midiendo unos ocho por cuatro metros.

Eran demasiadas emociones para una sola mañana, sobre todo para personas como nosotros, que disfrutamos con cualquier encuentro que tenemos con este tipo de vestigios tan antiguos. Pero aún quedaba más, pues al volver la vista desde el peñascal hacia el norte, en medio de un gran campo en barbecho, bajando una ladera, vimos a lo lejos lo que bien podía ser lo que  llaman una “piedra caballera”.

Como es lógico hacia allí nos encaminamos, para ver que se trataba realmente   lo que intuíamos. Al llegar observamos una especie de menhir, que desde allí y en el centro de dicho campo podría tener la misión desde antiguo de dar energía telúrica a todo el labrantío en el que se halla y los alrededores, para dar mucha más producción. Dejo aquí varias fotografías con diferentes perspectivas del mismo, para poder darse una idea del volumen de este antiguo monolito y de su altura con respecto a mi compañero Jesús.

Para terminar este artículo sobre el retorno a la presa de La Alcantarilla, diré que cerca del monolito, entre otras piedras encontré una piedra tallada en forma de cuña. Recuerdo que en otro anterior recorrido y muy cerca de aquí, mi compañero halló otra cuña idéntica.

Al principio de encontrar la primera piedra así tallada, pensamos que debía de corresponder a un calzo, que serviría para separar cortaduras,  sustentar o calzar las losas talladas de granito, pero al encontrar esta segunda, pensamos que posiblemente debían de servir estas como instrumentos útiles para medir. Es decir, que los agrimensores hispano-romanos, debieron de usarlas como instrumentos de medición entre hitos  y con una cuerda entre ellas, dar exactitud y nivel precisamente y en este caso, al canal por donde discurría el agua hacia Toletum.

Dejo desde estas páginas constancia y testimonio, de  gran cantidad de vestigios, correspondiendo a una de las civilizaciones que formó un gran imperio, me  refiero en este caso a la romana, que aportó  sus conocimientos más los de los autóctonos y aprovechó  de forma extrema, todos los recursos en estas tierras conquistadas,  a la que denominaron como Hispania, que quiere decir “tierra de conejos” y que por los motivos antes expuestos, debía parecerse al Olimpo o Paraíso de sus lares.

BIBLIOGRAFÍA

Aranda Gutiérrez, F. Carrobles Santos, J. e Isabel Sánchez, J.L. –  El sistema hidráulico romano de abastecimiento a Toledo. Toledo, 1997.

Arenillas, L. Arenillas, M. Díaz-Guerra, C. y Macías, J.M. – “El abastecimiento de agua a Toledo en época romana”, en Historia del abastecimiento y usos del agua en la ciudad de Toledo, Madrid, 1999.

Arenillas Parra, M. – Ponencia en el I Congreso sobre las Obras Públicas Romanas en Hispania. Mérida, 2002.

Celestino Gómez, R. –  El pantano romano de Alcantarilla. Madrid,  1973.

Celestino y Gómez, R. – «El pantano romano de Alcantarilla, en Mazarambroz», Toletum 7, 1976.

Burriel, A (sacerdote) y Santiago  Palomares, F.J (dibujante y archivero real). –Estudio sobre la presa de Alcantarilla, año 1753.

Fotografías. – De Santiago Falcón, Félix Muñoz  y de mi archivo personal , excepto la fotografía aérea.

López de Ayala, J. (Conde de Cedillo) – Catálogo monumental de la provincia de Toledo. Toledo, 1959.

Pons, A. – Viaje a España. Madrid, 1787.

Porres Martín-Cleto, J. – Historia de las Calles de Toledo. Editorial Zocodover. Toledo, 1976.

Santiago Palomares, F.J. y Vega, A. – Dibujos sobre la presa, conductos y herramienta.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

© Copyright A. Vega 2013.

Depósito Legal TO-31-2013.

9 comentarios to “Retorno a la presa romana de Alcantarilla (VIII)”

  1. Celestino Says:

    Buen trabajo, quedara para la civilicaciones venideras

    • Alejandro Says:

      Gracias Santiago, por tu opinión. Tu también has disfrutado de todos estos recorridos, antes de que otros lo disfruten, Un saludo de Alejandro.

  2. carlos Says:

    felisidades,una pregunta tu has escuchado algo de los descubrimientos de alberto canosa en toledo, sobre los gigantes metidos en ros bueno saludos a algun dia ire a visitar toledo

    • Alejandro Says:

      Buenas tardes y perdón por la tardanza en contestarle. Gracias por su felicitación Carlos. Sobre su pregunta, la verdad es que nunca he oido hablar de la persona a la que se refiere y mucho menos sus descubrimientos. Lo que si me suena son los gigantes que dicen se encontraron las personas que entraron a explorar la Cueva de Hércules en tiempos del Cardenal Silíceo. Realmente su imaginación les hizo ver cosas que no había en ellas, a no ser alguna estatua romana, de la cual no se tiene noticias. Ahora en nuestro tiempo, se ha visto que dichos antros era una cisterna romana en el centro de Toletum.
      Reciba un saludo de Alejandro desde Toledo.

  3. Jose-L. Sanchez-R. Morcillo Says:

    Estos trabajos que se hacen sobre nuestra historia, nunca tienen el valor ni el reconocimiento que se les deberia dar, pues personas como yo, toledano y amante de todo cuanto aun hay que descubrir, doy las gracias a todas estar personas, que como yo dedican todo su tiempo en esclarecer cada dia un poquito de nuestro pasado historico. Un saludo de Jose-Luis Sanchez-R

    • Alejandro Says:

      Muchas gracias José luis por su reconocimiento. Ello nos da fuerza para que sigamos en esta lucha sobre la dimensión de nuestro patrimonio, mejor dicho, por el placer de descubrir lo que está oculto en él y sentirnos pagados por el mero hecho de saberlo disfrutar en toda su dimensión.
      Reciba un cordial saludo de Alejandro.

  4. Miguel Rentero Says:

    Identifico y aprecio este artículo.. Me encontré con esos “paredones” en el 76 e inmediatamente, por los sillares idénticos a los de Proserpina, pensé que los romanos trasladaron el agua a Toletum. Me queda la incógnita de donde estuviera el necesario acueducto romano que salvara el Tajo.

    • Alejandro Says:

      Hola Miguel. Gracias por tu comentario sobre este artículo. Los romanos traían el agua desde la presa de Los Paredones o Alcantarilla a toletum a más de 40 Km de distancia. Los restos del acueducto para salvar el río tajo se hallan al lado del puente Nuevo y los pilares se pueden ver desde la senda ecológica que comienza desde allí mismo, tanto a un lado como a otro y a cierta altura los restos del comienzo de los sus grandes arcos.
      Si le interesa este tema, le invito a que entre en el artículo de esta página “Tercer acueducto romano. La Pozuela y su seceto” y vea la división j-Nueva Teoría y seguro que disfrutará bastante.
      Reciba un cordial saludo de Alejandro.

  5. Miguel Rentero Says:

    Lo encontré en el 76, e identifique con Proserpina y Toletum.. Muy buen artículo. Gracias.

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