7º. Amigos y contemporaneos famosos, que dan fe de los hechos

Juanelo además ayudaba a sus amigos. Cuentan los documentos que ese mismo año de 1575, su amigo Juan de Herrera quiso comprar una casa en la plaza de Zocodover de Toledo, que era nada menos que del secretario del “santo oficio” en la ciudad, entonces en pleno y aterrador auge.

Al no ceder a sus demandas dicho personaje, el arquitecto le hirió con su espada en la cabeza. Se desataron las amenazas rápidamente contra él, que entonces eran terribles, se le puso una multa y a punto estuvo de ir a la cárcel. Entonces Juanelo Turriano se echó para adelante y se ofreció a pagar la multa impuesta a Herrera, aunque esto no hizo falta, pues intervino la mujer del arquitecto María Alvarez, presentando las reclamaciones que la Inquisición quería, quedando todo en paz.

El año 1577, Juanelo Turriano de procedencia italiana, pese a los problemas económicos que le acarreaba la construcción de su  gran obra, seguía levantando el segundo artificio, aún más perfeccionado, potente y silencioso.

Ese mismo año llegaba a Toledo otro extranjero, a la cual daría con el tiempo fama universal, era el pintor griego Doménico Theotocopulis, denominado como el “Greco”. Este mismo dejó plasmado el artificio de Juanelo en su cuadro “Vista y plano de Toledo”, que pintó el año 1610 cuando estaba en pleno apogeo, situándolo precisamente en el sitio exacto que se encontraba, en el plano de la ciudad.

Este genio recibirá un grandioso homenaje en el cuatrocientos aniversario de su muerte. Esta cuestión me hace preguntarme ¿se hará algún día algo parecido en esta ciudad sobre la portentosa y extraordinaria figura más grande del renacimiento, Juanelo, a la que dejó su mejor legado?

Mientras tanto el cerebro privilegiado de este ser excepcional, Turriano, se sumía en una gran tristeza y paradójicamente su fama crecía exponencialmente a su ruina, conduciéndole hasta su total pobreza, arrastrando con ello a su propia familia.

Esto nos trae a la memoria que el 12 de marzo de 1569, el archiduque Carlos de Austria, primo hermano de Felipe II, acompañado de D. Juan de Austria que le sirvió de intérprete, llegaron a Toledo y pernoctaron en el Palacio Arzobispal, cuyo gobernador episcopal era entonces Gómez Tello Girón, a falta de cardenal por denuncias de la Santa Inquisición.

Al otro día recorrieron lo que se llevaba construido en el alcázar, aunque el rey ya no le iba a habitar, pues la corte estaba en Madrid desde 1562. Pero si tuvo la curiosidad de bajar a ver el mecanismo del “artificio” y su funcionamiento y luego la delicadeza de entrar en la posada, es decir, en la  casa de Juanelo, constructor del mismo y quizás allí saludarle y felicitarle por tan grande “obra universal”. Suponemos que le compararía con el “artificio” de Ausburgo, observando entre ellos una formidable diferencia.

Y es que el genio de Juanelo Turriano, es de los pocos que de vez en cuando asoman al mundo, para demostrar que nada es imposible ante ellos, para luego ser olvidados. Pero con el tiempo, siempre hay alguien que como testigos del mismo o posteriormente al leer un escrito antiguo saca a la luz su historia, convirtiendo a dicho personaje en leyenda, aunque su realidad sea incuestionable.

Cuando el famoso pintor Federico Zuccaro viene a Toledo con Felipe II en 1586 y visita la ciudad, en una de sus cartas nombra sus obras más importantes, como son la catedral, el alcázar y el artificio. En 1588 el militar Agostino Ramelli, publica en Paris “La diversa y artificiosa máquina”, refiriéndose al famoso “Artificio de Juanelo”. En 1598 se lleva a cabo la vista del artificio en el libro “Civitatis Orbis Terrarum”.

Sobre ese tiempo, un ramillete de personas con estudios y entendederas, visitaban los “artificios” y lo que estos contenían, entre ellos el cronista Ambrosio de Morales y es  gracias a él es por lo que más se han podido entender y examinar los acueductos de Juanelo. También los poetas y escritores del “siglo de oro”, se ocuparon de cantar al genio de Juanelo y a la máquina de su artificio, algunos que la vieron “in situ” como Cervantes, la nombra en “La ilustre Fregona”.

Góngora en una de sus comedias nos dice: “El Tajo, que hecho Icaro, a Juanelo, dédalo cremonés, le pidió alas”. Quevedo en un romance escribe: “Vi el artificio espetera, pues en tantos cazos pudo, mecer el agua Juanelo, como si fuera en columpios”. Y Lope de Vega en su “Amante agradecido” nos cuenta: “A Toledo volveremos, veré la iglesia mayor, de Juanelo el artificio”, le nombra también en la “Noche Toledana” y en la “Gallarda Toladena”.

También le recuerdan Calderón de la Barca en su “Dama duende”, Tirso de Molina en un romance, Juan de Quirós en “La famosa toledana” o Luis de Quiñónes de Benavente en su famoso entremés  titulado  “El mago”. También le nombran Esteban Manuel de Villegas o el maestro Valdivieso.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

Copyright  A. Vega. 2011.

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