1º. La creatividad de un genio y el silencio de una ciudad

Nadie es profeta en su tierra, y algunos seres excepcionales tampoco en la tierra que les llama y les acoge. Así es como puedo comenzar la historia sobre un personaje extraordinario en tiempos del renacimiento llamado Giovanni Turriani (Juanelo Turriano, en castellano). Esta persona diseñó y fabricó tal  máquina, que por su ingenio trasladaba parte del agua del río Tajo a la colina más alta de la ciudad de Toledo por      vez primera en su historia, moviéndose este fantástico artefacto con solo la fuerza hidráulica del río.

 Una vez construido, el solo y con  ayuda de su familia, se encargaba de su reparación y mantenimiento, posiblemente por el amor a la obra creada y quizás por el desprecio de los poderes fácticos de entonces hacia su invento y a su persona, pues estos le habían encargado primero la creación, luego la construcción y su mantenimiento, aunque la satisfacción monetaria y su reconocimiento nunca llegó a producirse completamente.

Debió de ser tal la desconfianza en él, quizás por los intentos anteriormente frustrados, por lo que dicho genio tuvo que pagar de su renta, todos los materiales y mano de obra de dicho ingenio. Cuando consiguió su propósito con creces, los militares se apoderaron del agua por estar el depósito en su feudo, el Palacio Imperial (Alcázar), comenzando el calvario y las deudas, que no solventaba ni el propio emperador Felipe II.

A esto se adhería posiblemente la fama que tendría entre el gran colectivo de uno de los oficios más antiguos de la ciudad, el de los azacanes y de las aguadoras, que verían de muy mala gana la pérdida de su subsistencia y la de sus familias, pues muchos serían los chascarrillos en aquel tiempo como es lógico, contra Juanelo y su artificio.

Para satisfacer al Ayuntamiento de la ciudad de Toledo, pues tenía que pagar este estamento parte de la deuda contraída al inventor y constructor italiano, tuvo Juanelo Turriano que fabricar otro artificio al lado del primero para que condujese el agua a otro depósito que abasteciese a la ciudad. Después de construido y por diferentes motivos, tan ingeniosa y activa persona, tampoco cobró lo estipulado, llegando a la ruina y a la desesperación.

Exponencialmente cuando la desgracia del genio era mayor, mayor era la expectativa de sus “artificios”, extendiéndose su fama por toda Europa, siendo conocido por políticos y gentes entendidas, pues venían a Toledo los propios familiares del rey expresamente, a enseñar dichas máquinas, a los mandatarios extranjeros que se acercaban hasta aquí, para resolver asuntos políticos o comprobar las obras del nuevo Palacio Imperial (Alcázar), que se construía entonces.

El tiempo fue pasando y Juanelo Turriano, cada vez más arruinado y achacoso, pero sobre todo decepcionado, fue envejeciendo con su familia en la más absoluta pobreza,  pero sin dejar de atender con su hija y su yerno los dos artificios construidos. Estos vivían justo al lado de los dos ingenios, tal era su celo para no perderlos de vista.

Al llegar su muerte, su hija tuvo que pedir para poder enterrarle. Fue depositado su cuerpo bajo el coro del Convento del Carmen Calzado, al lado mismo de su gran obra. Fue pasando el tiempo y según iba desapareciendo la familia, aún con cartas al rey para su subsistencia, los artificios de Juanelo iban quebrantándose y sus piezas desapareciendo, hasta su ruina total, pese a querer hacerlos andar de nuevo alguna vez más.

El olvido se adueño de los artificios y solo por medio de escritores, pintores o ingenieros tan famosos como Ambrosio de Morales, Pisa, Zúccaro, Luis de la Escosura o Ladislao Reti, ahora podemos recordar aquellos portentosos aparatos de ingeniería. Luego llegó el ejército francés de Napoleón y remató la faena incendiando entre otros el Convento del Carmen, desapareciendo para siempre los restos de una persona tan extraordinaria y ejemplar como Juanelo con respecto a Toledo, hijo adoptivo al cual abandonó la ciudad y sus ciudadanos, cuando más lo necesitaba.

Pasó el tiempo y sobre las ruinas del artificio, aprovechando su presa, se construyó el edificio de la central eléctrica de Vargas. Al dejar de funcionar como tal y con el tiempo, un grupo de románticos y agradecidos a uno de los hombres más grandes del renacimiento en Toledo y no en otro lugar del mundo, pretendieron hacer un museo didáctico y recordatorio del ingenio en dicho edificio.

Pero una tarde, por orden de un alcalde de la democracia, mando este maquinaria pesada, tirando y deshaciendo el fuerte edificio de piedra y granito torneado que allí había. Desconozco los motivos de este edil y su equipo, con respecto a esta destrucción, de la que yo mismo en persona fui testigo, sin poder hacer nada y sintiendo mucha pena, pues todo el recuerdo que podía quedar del “Artificio de Juanelo”, solo eran polvo y desolación.

No sé si un extraño maleficio, echado desde el propio Toledo, se debió de apoderar de Juanelo y de sus máquinas, pues aún pasado más de cuatrocientos años,  todavía se sigue destruyendo su recuerdo, sin dejar ni la más pequeña ruina. La memoria de este, la tenemos a través de los escritos que gracias a Dios perduran y también a las dos maquetas fabricadas por el maquetista Juan Luis Peces, siguiendo al Dr. Reti, gran estudioso de Leonardo da Vinci.

No obstante y por mi parte, llevando a cabo hace unos años un programa de televisión denominado “Toledo de la Humanidad”, decidí escribir tres guiones para reflejarlos en sendos programas, como homenaje a un personaje tan ilustre, aunque tremendamente olvidado en la ciudad donde se forjó su más grande obra y divulgar su hazaña.

Y fue precisamente en el año 2008, cuando fueron emitidos dichos programas en la cadena local de televisión “Teletoledo”, con una duración total de una hora aproximadamente. Por tal motivo, al escribir este texto ilustrado y recordatorio sobre una persona tan importante pero tan mal tratada, me baso en dichos guiones para hacer una profunda reflexión sobre este evento tan importante y hasta ahora algo olvidado.

Algo más tarde me llevé una gran alegría, pues vi que al otro lado del mundo  en Japón, (pueblo que ahora lo pasa mal por un terrible terremoto y una ola gigante, además de los problemas nucleares que le abaten por segunda vez y cuya lección el mundo entero debe valorar),  todavía se recuerda el “Artificio de Juanelo”. Al hacer una visita oficial a Castilla-La Mancha el hijo del emperador de dicho imperio, Naruhito, la locución de dichos programas se pasó al idioma inglés, siéndole regalados en un CD, por el gobierno de esta región al mismo, visto el interés por dicha máquina.

En fin, contradicciones que aquí quedan expuestas y como recordatorio de parte de la historia de una ciudad como esta, a la cual llegaron y en la que vivieron, mentes tan ávidas e inteligentes como esta de Juanelo Turriano.

Si alguien quiere aprovecharse de estas páginas, sabe que intelectualmente, tiene la obligacion por ley,  además de moralmente, de hacer referencia tanto del autor como de su trabajo.

Copyright  A. Vega. 2011.

2 comentarios to “1º. La creatividad de un genio y el silencio de una ciudad”

  1. Lucía Says:

    Hola Alejandro,
    ¿Me podrías decir donde puedo ver el vídeo de ese documental que dices?, ¿esta disponible en algun lugar?, muchas gracias!!!

    • Alejandro Says:

      Buenas tardes Lucía. Para poder ver dicho documental, te remito a Teletoledo. Debes de llamar a esa cadena y pedir si te pueden hacer una copia del mismo. Si no es así, pedir que le vuelvan a emitir a una hora concreta para con suerte poder disfrutarle. Suerte.
      Recibde un saludo de Alejandro.

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