Tranco Primero.

 

RÍO TAJO I

TÚ, REY DE RÍOS, TAJO GENEROSO.

Así comenzaba el soneto lírico de Quevedo, aquel poeta y escritor que perteneció al “Siglo de Oro” español. Lo escribía con su clara avidez, describiendo la hermosura que este vio en el Tajo de su tiempo. Esto me recuerda, que este gran río por su extraordinario caudal, en tiempos pretéritos talló una gran peña, la cual al ser habitada, dio lugar  a la inexpugnable entonces ciudad de Toledo.

Para comprender mejor su génesis, así como el pasado de nuestro padre el río Tajo, el cual la dio forma por su formidable erosión, me acogeré a los estudios y dibujos del catedrático y académico Dº Máximo Martín Aguado. Este nos dejó unos esquemas muy esclarecedores sobre este tema, basado en otros dibujos anteriores de Gómez de Llerena.

En este croquis visto desde el suroeste, se comprueba como discurría nuestro río al final de la Era Terciaria cuya antigüedad se supone entre 66 a 2,5 millones de años, abriéndose paso por el centro de lo que posteriormente sería la península ibérica. A dicha erosión se sumaron diferentes  épocas glaciales. Este era su cauce natural y no otro.

Mucho más tarde, en la Época Cuaternaria entre los 2,5 millones de años hasta nuestros días y contando con la glaciación de Würm de 80 a 10 mil años, el Tajo  siguió tallando la meseta central, profundizando sobre terrenos terrosos, formando grandes terrazas según observamos la zona tectónica indicada.

En ella vemos una falla, por la cual y a través del espacio tiempo, el entonces impetuoso río Tajo debido a las grandes crecidas tras las glaciaciones y otros accidentes naturales, fue tallando la dura roca de granito, abriéndose paso y conformando el monte en el que se asentaría la ciudad de Toledo.

Los cazaderos de nuestros ancestros prehistóricos desde dicho monte hacia el valle, debieron de ser magníficos, pues así están explicadas por el profesor antes mencionado, las industrias líticas de Pinedo y de Buenavista, antes y después de pasar la forma de herradura que formó el río tallando dicho monte.

Estas industrias dejaron muchos materiales trabajados entre los que se hallaron multitud de hachas, bifaces, raederas y otros utensilios utilizados para  la caza de grandes elefantes y rinocerontes entre otros,  sirviendo estas herramientas para rasgar miembros y otros menesteres, así como para desollar pieles para luego curtirlas.

Posteriormente las vegas del Tajo debieron de ser muy fértiles, gracias a los limos arrastrados por las grandes crecidas, lo que fue dando paso al conjunto del cerro y alrededores que hoy conocemos, formando su vega alta y tras el paso del torno toledano, su vega baja. Estas debieron de ser muy fecundas sirviendo para los diferentes cultivos con sus cosechas, decidiendo que el hombre se hiciera sedentario en estos lugares.

Más tarde las tribus prerromanas que hoy denominamos como carpetanas, poblaron el centro peninsular asentándose sobre el peñasco y sus vegas, las cuales se siguieron fecundando gracias al benefactor rio Tajo, aprovechando los carpetanos las diversas posibilidades agrícolas tras las grandes crecidas invernales y  primaverales, obteniendo grandes cosechas en sus vegas, además de buena pesca en el propio río.

Quizás desde entonces le viene el nombre al río, como homenaje al rey íbero Tago, que según Silio Itálico quiere decir “rey”, el cual fue asesinado por Asdrúbal. Más tarde fue designado como Tagus en tiempos romanos. También puede venir por hacer un tajo en la roca, es decir, tallar la roca por su ímpetu, en este caso la roca o gneis toledano, haciendo el surco que delimita esta urbe, ayudado por el arroyo de la Degollada y el de la Cabeza.

En el año 192 antes de Cristo, el reloj de esta tierra se puso en marcha, ya que las legiones romanas tomaron este monte-isla, de donde nos viene a saber su nombre más conocido, Toletum. El clásico Tito Livio define  a este monte como “una pequeña población fortificada”. Estos con su técnica y su mano de obra efectiva, hicieron grandes trabajos urbanísticos e hidráulicos en esta pequeña ciudad central de la península ibérica. Una de sus obras más importantes fue el que hoy denominamos como puente de Alcántara.

Fue una gran obra de ingeniería para su tiempo, pues su arco central mide 28,5 metros en las bases de sus pilastras, con una luz de 16 metros. Se construyó justo al  comienzo del estrechamiento del torno, donde se reunían los dos brazos que dividían las aguas del río Tajo antes de entrar en Toletum, evitando así su desplome por las terribles crecidas invernales del mismo.

En su tiempo el puente de  Alcántara, fue el que dio paso del lado norte al lado sur de la península ibérica en su centro geográfico, sirviendo tanto para las legiones de  Roma, como para el paso de mercancías y personas particulares, además  de controlar el difícil acceso a la  ciudad.

Al tener el problema de la subida de agua desde el río a la ciudad por su gran  altura, los hispano-romanos  construyeron la presa  de Alcantarilla, que conducía las aguas del rio Guajaraz y sus afluentes desde una distancia de 42 kilómetros, pasando el gran tajo del río por un gran acueducto, hasta el centro de la urbe, para tener agua corriente en sus pretorios, termas, hogares, circo, teatro y anfiteatro. Las aguas eran recogidas en grandes depósitos y cisternas. También había grandes piscinas al lado de sus vegas, para ser utilizadas para el riego en tiempos de sequía.

Sobre el río Tajo en tiempos visigodos, se tienen pocas noticias, si exceptuamos al  romancero español con “De la pérdida de España, fue aquí el principio funesto”, donde hallamos la leyenda de “Florinda la Cava”. Esta era hija del conde Dº Julián que mandaba en la Ceuta visigoda. Este mandó a su hija Florinda a Toledo, para adquirir sus costumbres.

El rey visigodo Dº Rodrigo se fijó en ella y un día que se estaba bañando esta en un bello lugar del río Tajo, el rey la violó. Desde entonces se denomina “Baño de la Cava”. Manchada su honra y enterado de tal acto su padre, dejó que los musulmanes entraran desde Ceuta a Hispania. Por ello y  tras la nefasta Batalla del Guadalete contra ellos, no solo terminaron con  Dº Rodrigo como rey, sino que estos se apoderaron de Hispania.

© Copyright A. Vega 2019

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